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Mensaje del Párroco - 25 de enero de 2026



Estimados feligreses de San Martín:


En la segunda lectura de este domingo, San Pablo exhorta a la Iglesia de Corinto a la unidad: “que estén unidos en un mismo sentir y en un mismo propósito”. Él percibió el peligro inminente de la división y el faccionalismo. De hecho, la palabra “diablo” significa divisor. El deseo de Satanás es sembrar la división en los matrimonios, las familias y en la sociedad a todos los niveles. ¡Qué rápido nos refugiamos en nuestros bandos ideológicos en busca de seguridad cuando ocurre un acontecimiento a nivel cultural! Por otro lado, el Espíritu Santo nos une en el único Cuerpo de Cristo. Su obra es de reconciliación, comprensión, concordia y paz.

Sin embargo, la unidad no significa necesariamente uniformidad. Existe una unidad en la diversidad, que es obra del Espíritu. Por ejemplo, tenemos diez misas dominicales en tres idiomas, y cada cultura expresa su fe de manera única. Sin embargo, hay unidad en la adoración del único Dios que nos une en su Hijo a través de la Eucaristía. Cada una de nuestras comunidades expresa en su propio idioma el Credo cada domingo. Existe una diversidad de espiritualidades — carismática, contemplativa, franciscana, etc.—, pero cada una manifiesta un aspecto de la verdad de nuestra fe católica.

La unidad que Dios desea para su Iglesia no es una conformidad sin sentido ni una obediencia inmadura. No se produce por la mano dura autoritaria ni por una actitud de “vive y deja vivir” que ignora el llamado a la conversión de vida. La Santísima Trinidad es el modelo y guía supremo de la unidad: un solo Dios en tres Personas divinas. Dios existe como Uno en una comunión eterna de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La unidad solo puede lograrse y mantenerse en relaciones basadas en el amor, la reciprocidad, la apertura, el sacrificio, la entrega de uno mismo y la libertad.

Nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, adoptó como lema papal “In Illo uno unum”, que se traduce como “En Él somos uno”. Como Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, su papel es garantizar la unidad de la Iglesia y, en última instancia, del mundo. Como indica su lema, solo en Cristo puede lograrse esto. Que nuestra oración se asemeje a la de Cristo en la Última Cena: “Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17:21).


En Cristo,

Padre David














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