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Mensaje del Párroco - 19 de julio de 2026



Queridos feligreses de San Martín:


Jesús utiliza varias parábolas relacionadas con las plantas, ya sea el trigo o la cizaña, el árbol de mostaza o la higuera. Evidentemente, él concebía la vida espiritual como un proceso de crecimiento continuo que culmina dando fruto. Creo que muchos de nosotros hemos tenido una visión errónea de nuestra vida religiosa y espiritual, considerándola simplemente como el hecho de evitar el pecado. Según esta mentalidad, si evito pecar, gozo del favor de Dios y no tengo mucho de qué preocuparme. Aunque hay algo de verdad en ello, esta perspectiva simplifica en exceso la vida espiritual manteniéndonos en una posición de control, cuando en realidad se trata de una relación dinámica de comunión cada vez más profunda con Dios y con los demás.

Uno de los aspectos difíciles de la vida espiritual, al ser un proceso de maduración y crecimiento, es que no podemos forzar nuestro propio crecimiento. No podemos alcanzar la madurez espiritual simplemente a base de esfuerzo personal. De hecho, confiar en la fuerza de nuestra voluntad y en nuestros propios esfuerzos es una manera segura de obstaculizar dicho crecimiento. Jesús afirma que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no dará fruto. Si no permitimos que Dios sane nuestros corazones de la obstinación, la terquedad, el miedo y otros desórdenes, seguiremos chocando contra un muro en lugar de avanzar en la vida espiritual. Esto requiere gran paciencia, confianza, arrepentimiento, entrega y docilidad a la obra del Espíritu Santo. A veces, esto se percibe como la muerte de una antigua forma de ser, pensar y actuar. Estas pequeñas muertes de nuestro "yo" no redimido nos abren a la vida del Espíritu en nuestro interior. Solo la acción del Espíritu Santo en nosotros puede dar fruto para el Reino de Dios.

San Pablo dice que no sabemos cómo orar como conviene, pero no debemos preocuparnos, pues el Espíritu Santo ora en nosotros con gemidos inefables. Para él, la vida espiritual no consistía tanto en lo que nosotros hacemos, sino en lo que Dios realiza en lo profundo de nuestro ser. Cuando aprendamos la lección de prestar más atención a la obra de Dios en nosotros que a nuestros propios proyectos personales, veremos el crecimiento y los frutos que Jesús visualiza en las parábolas de su Evangelio.


En Cristo,

Padre David














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